La figura más importante de la canción popular argentina en actividad cumple el 10 de septiembre un siglo de vida.
Ella es la síntesis perfecta de las vertientes de la música de nuestro país: el tango criollo y la tradición campera. Intérprete de un repertorio cuya permanente peregrinación va y vuelve desde lo más solitario de la llanura pampeana hasta el centro luminoso de la Reina del Plata, la Omar parece conocer muy bien el entramado que teje el arte con el acontecer social."La Gardel con polleras", apelativo con el que se la conoce y con el que se la emparda al ícono máximo del tango, es una cantante de exquisita sensibilidad y personalidad distintiva.
Nacida a la luz de lo público a comienzos de la década del 30, la Omar preserva para sí el lugar prodigioso de las cantoras de la época.Su estilo inconfundible es a la vez, por gracia de su pasión y una actitud de enorme coraje y humildad respecto de la profesión, registro de los años de oro del tango y tangible realidad en nuestros días.
Su perfil musical tal vez se selló en los primeros años de la infancia, en la estancia de nombre profético “La atrevida”, muy cercana a Guaminí, Provincia de Buenos Aires, junto a sus 9 hermanos, cuando en la casa familiar todo parecía buenaventura y la lírica italiana, desde los discos que coleccionaba su padre, se mezclaba con las canciones que salían de las guitarras y los cuentos de los peones del campo. La muerte temprana de su padre dejó a la familia a merced de las contingencias más desafortunadas y marcó su pronta entrada al universo laboral, como operaria en una fábrica de medias.
Sin embargo, la osadía de la juventud la impulsó a pedir permiso a su madre para presentarse en Radio Splendid debutando, la misma noche en que los directivos la escucharon cantar, en una de las audiciones de mayor éxito. Al poco tiempo la Omar ya contaba con el favor del público y era una de las cancionistas populares de mayor predicamento, pero fue recién en 1946 que Francisco Canaro la convocó para ponerle la voz a una selección de tangos entre los que se cuentan "Sus ojos se cerraron", "Adiós pampa mía", "Desde el alma", "Tristeza de arrabal", "Canción desesperada".
La intolerancia y el desprecio por el sentir popular implicaron, a partir de 1955, 17 años de silencio y proscripción para esta inmensa cantora que adscribía públicamente al ideario peronista.
Hoy, Nelly Omar es una gloria viva. Con su voz de prodigiosa lozanía sigue en plena actividad, y es emblema para las nuevas generaciones que pueden abrevar en la riqueza de su trayectoria ejemplar.












